miércoles, 2 de febrero de 2011

POEMA DE LAS SIMPLES COSAS



POEMA DE LAS SIMPLES COSAS

“Saber que existes basta para ser feliz…”

En ocasiones uno quisiera decir cosas,
hablar en voz alta de sentimientos que nos conmueven.
Gritar incluso sensaciones inesperadas,
desconcertantes…
posiblemente perdidas.

Pero a veces las palabras,
ellas mismas solas se ocultan.
Se camuflan en nuestras manos,
nuestros ojos,
un ocaso,
la lluvia…
en el instante lejano del mar.

Como decir que las lágrimas brotaron anoche al escuchar una canción.
Y que por siempre el amor pasó dejando un rastro indeleble en un corazón enamorado.

Ojalá la noche
pudiera descubrir las palabras.
Un solo gesto de la luna no las dejara perderse en el silencio.
Y sea el susurro de la brisa en la mañana,
estafetas divino,
como unas flores en la puerta,
unos chocolates
y un poema…

Para no morir a solas con el deseo infinito de gritar…
Y desahogarse en su luz…
crepúsculo lejano de una estrella.

Félix M. de Óç.

MINIDIÁLOGO SOBRE LA POESÍA


MINIDIÁLOGO SOBRE LA POESÍA

Por Dianita y Félix


Félix:
-“La poesía es la voz del alma,
La música del corazón...
Nunca te defrauda...
Es tu mejor amiga...”-

Dianita:

- “si...
Además es la única capaz de mostrar lo más profundo
Y esencial de alguien...”-

Félix:
-“Si bonita...
La poesía no miente...”-

Dianita:
-“Si...
Eso si...
Además permite expresar cosas de la manera más sutil...”-

Félix:
-“Como el plumaje de un ave,
suave,
blanco...
Especial como una palabra divina...
La poesía es como tú Dianita”-

Dianita:
-“umm...
Gracias...”

sábado, 29 de enero de 2011

El ACTOR



A CARLOS ANDRÉS

Ya se levanta el telón...
Mi artista.
Los tramoyeros,
cual translucida tela de aire dominical en el parque,
lo elevan como estandarte eólico...
entre las musas
y el público...
anonadado de ensoñación.

Inicia el primer acto:

Suena una música de pitos,
Flautas
y faunos...

Segundo acto:

Saltas a escena vertiendo sangre de salsa de tomate...
se contrasta en tu rostro el amarillo
y carmín...
de una tragedia de “Shakespeare”...
dramaturgo anónimo del barrio...
Esmeralda.

Vienes de una comedia de ayer...
Y ahora te mueres retorcido en los adoquines del parque Caldas...
Todo parece darse en Signos Teatro...
como una historia real...
de universos paralelos.

Tercer acto:

Que hermoso es verte actuar...
Payasito.
Parece que el sol esculpiera en tu cuerpo la expresión mágica del arte hecho carne,
movimiento...
fluidez,
canción...

Das vida con tu vida a la ficción del personaje,
Co-ayudando a crear la ilusión complementaria del poeta en el papel
y la tinta...
de la obra insigne del vate desconocido.

Acto final:

¡Ah una portentosa voz se entremezcla entre la obra
y público!
Una niña disfrazada de pájaro vuela...
Tres actores más se lamentan...
lloran...

Fin de la obra...

La gran escena callejera termina...
Se recogen las telas,
girones que se arrancaron de emoción del disfraz...
Cae el telón...
Los actores se inclinan,
Luego se abrazan...
Nada de flores.
Un demente desprevenido piensa:
¡Qué está pasando allí en medio de ese poco de locos!

Tú miras al cielo,
suspiras
predicas:
bendito sea Dios que no soy yo,
el orate que actúa en la obra de todos...

Félix M. de Óç.

lunes, 24 de enero de 2011

LA VÍA



LA VÍA


1.
Salgo de trabajar,
(Como siempre cada día el negocio está peor)
Me voy camino a casa recorriendo un sendero de huecos café amarillo,
putrefactos...
llenos de agua sucia...
como lagos de vida micro-orgánica,
primitiva,
olvidada,
superviviente
como la ciudad del pasado inscrita en el presente...
inexistente como un recuerdo de ayer.

Me dirijo por las carreras despavimentadas del pueblo blanco,
calles profusas de abandono público.
Avenidas pletóricas de autos último modelo,
motorratones,
carretas de caballos
y estiércol...
Siglos 18
y 21 juntos...
pero divididos por la injusticia social de un Estado indiferente...
heredero del Dragón...

De pronto me detiene un trancón a varios metros de un semáforo estorboso que hace de policía de transito...
sin que medie entre él
y el infractor una conducta de cohecho
o de soborno...
pues implícitamente parece resplandecerlo en sus colores...

Ha pasado casi una hora
y el pobre aún no sabe si es rojo,
amarillo
o verde...
entre tanto un grupo de desplazados con cartones húmedos pide limosna,
mientras la llovizna moja sus cabezas
y las de sus pequeñuelos hijos a sus espaldas...
cada pito desesperado resuena como disparos de paramilitares...
¡Ya es insoportable el trancón!
Los saltimbanquis demuestran que la cúpula de smog parece carpa de circo.
Una estatua humana ve rodar como lágrimas su pintura plateada.
Un cieguito
y un invalido riñen por la compasión de otros pobres humillados...
Algún chavito quiere limpiar el parabrisas.
¡No alcanzan quinientos pesos para todos!
2.
¡Ah!
¿En dónde estará Dayana en este instante?
Quisiera decirle que veinte años no son nada en comparación con nuestra edad en el universo...
Ojalá me creyera...
me diera un beso...
¡La quiero tanto!

Por un momento me he olvidado del trancón
y de toda la realidad social que sirve de holocausto de fuego a la tierra en este mundo.

Y me he ido a la casa de mi Padre soñando con Dayana de la mano.
Mira cuantos universos físicos se expanden a tus pies
y con cada experiencia creas una historia,
entre miles de millones de historias infinitas...
¡Como eres libre como el viento!...
¡Como eres vida como el agua!...
¡Como eres Luz como Cristo!

¡Mi chiquita...
cuanto Espíritu se abre a los dos...
como un océano infinito de vida!
¡Que acaso no miras a los ángeles de Dios...
en este reino cuántico del Logos
y Sofía!
No solamente los miras...
sino que te confundes en la unidad del Creador con ellos.
Te mimetizas.
También somos herederos del reino de Barbelo...
Del pléroma eterno...
mi chiquita...

3.
Ya hay vía en la dimensión horizontal de polvo de estrellas...
Luz verde,
luz verde;
mas siempre habrá luz verde en la evolución vertical del Espíritu de vida,
paráclito,
Espíritu Santo.

¡Dios te guarde Dayana!

Félix M. de Óç.

sábado, 22 de enero de 2011

EL ENCUENTRO



A LUZ ELENA

L
uz Elena…
Sabes,
las almas iguales se buscan…

Tal vez odies las bajas pasiones
y el alcohol…
que han bullido por mi cuerpo como lava ardiente de volcán activo.
Bohemio,
descuidado,
hedonista…
en el paraíso perdido de la incertidumbre he sido…

Pero nuestras almas gemelas…
han descubierto en la delicada paz de la palabra silenciosa…

¡El encuentro!

Y nos hallamos en la tranquilidad del ensueño,
junto a una fuente,
en medio de un campo abierto,
fresco
e infinito…
Donde llueve…
El agua moja nuestras cabezas…
Proviene de las manos sacras del Bautista Juan.
En una catedral solitaria,
gótica,
francmasónica,
hecha de piedra arquitectónica,
y sabias inscripciones esotéricas.
Junto al ágape griego.

-Y en nombre de la Santísima Virgen María…
Shekinah...
Isis...
Asera…
manifestación femenina de Dios...
Jesús...
Cristo en el altar…-

¡Nos bautiza!

Y ya somos hijos de la palabra silente,
Verbo...
Arkhé...
Vástagos conversos de la crucial filosofía…
¡Se ha perfeccionado el encuentro!
El Aleph
Hermanos somos en el Logos…
Complemento de luz
y oscuridad…
felicidad…
unidad de contrarios…
hallazgo misterioso de la noche
y el día…
Luz
y Félix unidos
en la dimensión vibrante de los sueños...
en Edén cuántico de ilusiones
y esperanzas...

Félix M. de Óç.

Imagen de internet


ROSITA TEJIENDO SUEÑOS



ROSITA TEJIENDO SUEÑOS

¡Ya nació la caucanita!
Tal vez pensó mi abuelo abriendo la puerta de la alcoba.
Eran las nueve,
pero aún el susurro de la brisa mañanera,
como polvillo cósmico,
invadía cada recodo de un pueblo azul,
pequeño,
de casas amplias con pisos contrastados de baldosas verdes
y amarillas,
paredes de adobe calsecas…
puertas
y ventanas de madera.
Y una población trabajadora en víspera del día del campesino.
Era Timbio en un cuatro de junio,
de mil novecientos cuarenta
y nueve.

La pequeña Rosalbita,
la última de diez hermanos,
había nacido fruto de la unión de don Salomón Palacios
y su señora esposa:
Ana Julia Ordóñez de Palacios.
Ambos nariñenses,
Inmigrantes de la patria chica con difícil situación económica,
que se habían apostado en Timbio Cauca con el deseo vehemente de luchar,
de progresar
y por qué no,
de reivindicar el estatus económico de otros tiempos…

Pero pronto,
la otrora acaudalada familia se instaló en Popayán.
Aquí Rosita,
como los vecinos le decían de cariño,
desde el viejo mostrador verde de una humilde tienda llamada caucanita,
desde una casa esquinera,
que por poco se lleva el Instituto de Crédito Territorial,
aprendió el bellísimo arte de tejer.
Entrelazó hilos con precisión
y mágica armonía,
construyó cadenas,
palos,
redondetes,
formas artesanales de hermosos colores,
y suave sensación táctil.
Tejió carpetas,
vestidos,
sobrecamas
morrales.
Se ganó la vida con el arte de Ariadna
y como ella,
también tejió una historia de amor.

Mas esta vez el héroe se llamaba Luis Muriel.
El laberinto:
las carreteras destapadas de Colombia
y el Mino-Tauro,
la vida licenciosa de un hombre,
aventurero,
enamorado,
vacilador.
El hilo de Rosa rescató a Luis Muriel de Asterión
y el laberinto.
Se casaron en la iglesia de Fátima un ocho de diciembre de mil novecientos setenta
y uno.

De la nueva familia nacimos cinco hermanos.
Y según parece,
hemos sido el mejor regalo para nuestra señora madre.
Pues para doña Rosita,
la familia representa la máxima expresión de felicidad en la vida.
Es más,
¡la vida misma hecha felicidad!
Por eso,
la muerte de sus padres,
sus siete hermanos,
su esposo
y uno de sus hijos,
le han dado a probar por vez primera…
el sabor amargo de la tristeza a cuenta gotas;
no obstante,
nuestra madre ha sabido superar el llanto con una sonrisa,
una bendición,
una postura de fe que mi filosofía aún no entiende,
y que sin embargo ha bastado para superar la crisis.

Hoy en día mi madre todavía sigue tejiendo,
tejiendo sueños…
y la poesía se hace carpeta en sus blancas manos…

Félix M. de Óç.

ODA A MIS DOS VIEJOS



ODA A MIS DOS VIEJOS


Miro las fotografías de dos viejos caminantes de la vida:

Una de mi abuelo,
el alto comerciante,
tierno
y bonachón…
severo con sus hijos.
La otra de mi padre,
el duro trabajador
y buen vecino.

1.

Mi abuelo caminaba conmigo hasta el mercado…
Yo sostenía el morral sin hacer fuerza.
Me regalaba dos pesos,
suficientes para un huevo,
cascaras de fríjol parecidas a soldados,
una resma de papel periódico…
lienzo en que expresaba yo mis ilusiones
juegos infantiles,
y deseos…
dibujos de niño robados al corazón lúdico del lapicero…
Cariño…
y todos los días…
un pedacito de carne de su almuerzo.

Yo tenía siete años…
y mi abuelo toda una vida de rigor…

A la misma edad de su nieto,
de aquel viernes del ochenta
y uno…
se había ido desde el Guarangal hasta la sucursal del cielo…
Temeroso del castigo,
por haber matado a un pollito con un trompo,
comenzó el designio del caminante sin par…

caminante de sendero real,
de barro húmedo
y podrido,
de mulas grises
y tiempos de violencia liberal…

Llegó a Buesaco a vender anís,
no tenía más que su palabra,
pero suficiente para hacer fortuna…
fortuna que se fue en los gallos
y el póker.

Mi abuelo Salomón Palacios murió tranquilo sentado en su cama,
sin un solo peso entregó su vida al señor…
pero dejo una montaña de sueños,
ilusiones,
críticas,
odios,
palabras,
papeles…
y un título de propiedad infinita encaminado a no ser de nadie…

Pero,
sobre todo su AMOR…
en su irremplazable
y triste silbido:
pio…
pio…
pio…
cuando llegaba por las tardes a casa.

2.

Don Luis Muriel se llamaba mi padre,
de verdad que lo conocí cuando más lo necesité…
El viejo era un hombre pragmático,
insensible en apariencia.
Enamorado
y poco soñador.
¡Pero trabajador como él no he visto!
Odiaba el fútbol,
el alcohol
y a casi todos los chulavitas conservadores.
Amaba el cine,
las mujeres bonitas,
el gaitanismo
y el buen comer…

Caminaba rápido por las aceras.
Se desesperaba en tiempos de crisis.
Ayudaba a quien pudiese sin pedir nada a cambio.
Fue excelente padre,
hijo
y hermano,
honorable señor,
responsable
y buen esposo…

De él aprendí la sinceridad sin importar cuanto duela.
Me enseñó de la vida a dudar,
a no confiar demasiado,
de ir a tientas aun cuando haya luz a montones.
De ahorrar
y pensar en los que siguen luchando…


Por eso mi padre se molió en los caminos llevando la carga a las ciudades,
se hartó de gasolina,
humo
y carretera…
al final de sus días de fastidiosos papeles
y requerimientos burocráticos…
se lo llevó el estrés,
la diabetes,
los cigarrillos
y el corazón…

se murió de sesenta
y dos años…
Y nos dejo un recuerdo inquebrantable…
más una ilusión que se muere conmigo.

Félix M. de Óç.