miércoles, 14 de diciembre de 2016

PENSAMIENTOS FILOSÓFICOS 1.

1.

El Espacio es equivalente a segmentos tridimensionales de materia en reposo; por el contrario, el Tiempo es dinámica total del pasado hacia el futuro o viceversa de la materia; lo cual implica, que el presente del tiempo sea a su vez, la materia en un espacio determinado, pero discontinuo. De allí, que la materia en movimiento sea igual a la energía. No obstante, la materia en movimiento es implícita en la energía.

2.

El anterior esquema quiere decir que la materia en movimiento se haya implícita en la energía; lo cual denota, que la materia en movimiento es una especie de energía; mas la energía es género en sí misma. Por ejemplo: un constructo mental lleva implícita en sí, una función neuronal y no al contrario.

3.

Se pensará que de una función neuronal surge un constructo mental, relacionado a la evolución biológica, correcto. Pero una vez emanado el constructo mental de la función neuronal, ya es energía psíquica, lo cual implica, una función neuronal en el constructo mental, en un determinado espacio-tiempo. Por ello, siempre será la función neuronal; pero a partir de allí, será el constructo mental en evolución psíquica. Ahora bien, la pregunta es: ¿La evolución psíquica  modificará  la función neuronal en el tiempo? Si fuera así, la historia del universo sería cambiante incluso en el pasado. Cosa que ya se sabe debido al poder del observador, capaz de colapsar la función de onda de un sistema de partículas en el pasado con sólo observar el mismo sistema en el presente.

4.

Todo está en continua evolución. La evolución material, desde la Onda/Partícula a la molécula de ADN,  dio paso a la evolución biológica en el universo físico (virus, células, animales y plantas). Hasta el mojón entre el homínido y el hombre, el nacimiento de la Mente/Cerebro. En este estadio se experimenta la función neurológica y por ende, el afloramiento del pensamiento o constructo mental, que llevará a la evolución cultural o histórica de las naciones. La Ideología/Estado, por ejemplo: la cultura greco-romana y judeo-cristiana subsistieron eclécticamente junto al imperio romano. Por otra parte, ya en la dimensión psíquica o idealidad, es que el ser experimenta la evolución ontológica como Esencia/Existencia en el universo físico y psíquico para trascender hacia lo espiritual o Espíritu/Dios, en el todo absoluto.    

5.

La Esencia/Existencia implica la realidad física en la idealidad psíquica del ser. O sea, que hay una realidad física determinada por la idealidad psíquica del ser. Lo cual quiere decir, que el ser determina su mundo pasado, presente y futuro; en otras palabras, que es el dueño absoluto de su existencia en cualquier tiempo. Además de poder ser imperecedero por esta misma razón.

6.

En esencia ontológica, el universo físico está dentro del ser y no el ser dentro del universo físico. En otras palabras, el ser ya no depende del universo físico sino todo lo contrario, el universo físico del ser.   

7.

El Espíritu/Dios es el Todo Absoluto y Trascendental, de Él, emanan las cuatro entidades de creación: la Esencia/Existencia, la Ideología/Estado, la Mente/Cerebro y la Onda/Partícula; además de los cuatro estados de evolución: material, biológico, cultural y ontológico.



Félix M. de Óç.     

lunes, 28 de noviembre de 2016

LA CASA ESTADO






Era una casa como una ciudad en ella, grande, llena de habitaciones que se unían por puertas invisibles que daban con lugares boscosos como parques, y otras tapiadas como universidades y templos. Había comercios pletóricos de bienes, cines, bares, discotecas, almacenes. Los corredores eran como autopistas que llevaban de un lado a otro. Los edificios más suntuosos se hallaban en el presunto espacio de la sala, en ellos funcionaba el gobierno, el congreso, las altas cortes y los organismos de control. No existían fuerzas militares, pues a lo castrense se había opuesto la sofística, la palabra se imponía sobre la fuerza y la voluntad sobre el terror. 

Cada habitación era un hogar, pero también un recinto cerrado o al aire libre, según hacia donde uno quisiera dirigirse. 


    
En aquella casa vivían miles de hombres y mujeres que trabajaban sin descanso para tributar, además de votar, elegir y por qué no, algún día ser elegidos. Todos ellos soñaban con gobernar, pues el cogobierno representativo de las masas, no era tan real para un mundo que de veras si creía en la política. Cada ciudadano era un presidente en potencia; pero en los actos cotidianos, hasta lo más simple se dirimía racional y jurídicamente. Tanto era así, que para ser médico o cantante, albañil u obrero era obligatorio ser abogado o al menos haber cursado como mínimo siete semestres de derecho. Pero también había una minoría de poetas, que para hacer efectivo su derecho al libre desarrollo de la personalidad nunca terminaban la carrera; por ende, el mínimo de los siete semestres era todo un logro del Estado para garantizar la igualdad de sus ciudadanos sin perder su esencia democrática.

Estos últimos con los exmilitares conformaban el cincuenta por ciento de la nación y nunca votaban, salvo, el día en que Félix fue elegido como el último Presidente y Jefe de Estado de la Casa.

Félix, pertenecía a la Hermandad de Poetas y anarquistas que junto a Mohamed y Omar, lograron ganar las elecciones al imponerse sobre Riguel y San-Germán, que hacían parte de los Activistas Políticos, principal partido democrático que durante años había gobernado progresiva e ininterrumpidamente a la nación. 

El Expresidente Riguel, que aspiraba a su primera reelección, no entendía como su propio Fiscal y correligionario político, había dado su voto a Félix, buscando un respiro de la dictadura democrática, según éste. Y no es que la poesía haya cautivado a la política y menos aún, a un dirigente sindical de extrema izquierda, que en alguna ocasión había dicho que los poetas distorsionaban la realidad. La verdad, es que este acto de deslealtad se debió más a una incumplida promesa de campaña que a otra cosa. Pues San-German,  que había sido el segundo al mando de este último periodo presidencial, no soportó como su jefe de partido, se negó a postular su nombre a la primera magistratura, habiéndoselo prometido en plena celebración relativa a la posesión de su gobierno, aduciendo que en aquel momento se hallaba bajo el influjo de unas copas; y por el contrario, llevó al congreso un proyecto de acto legislativo que garantizara su reelección presidencial (Por cierto, la primera reelección desde que se había fundado la República).  Lo cual el Fiscal San-German, interpretó como una traición política o el inicio de una nueva era. 


  
A decir verdad, al igual que los políticos que habían destronado a los militares dando origen a una república democrática, jurídica y racional que abolió todo sistema represivo y militar; veían ahora, como las palabras de un lenguaje irracional, lírico y poético se tomaba a la nación como un poema de hombres soñadores. No le era fácil entender a Riguel, como los versos sustituían a la demagogia disfrazada de oratoria. Y menos todavía, como el estilo natural y errante de unos locos ebrios de trementina y lluvia, llenaban los bares, mientras leían en voz alta los poemas de Bukowsky y de Jayam; entre tanto, que los códigos rodaban cual basura. Ya nadie quería trabajar, pues la comunidad poética amaban cantar todo el día en un parque, perderse en un burdel junto a las putas o estar al rededor de un piano y cervezas, al estilo Henry Miller. Pero lo peor de todo, era que la nueva anarquía se había extendido como un virus contagiando a casi toda la nación. 
         
Riguel contaba con sesenta años de edad, veinticinco de ellos en diferentes cargos gubernamentales y los últimos cinco de Presidente. Colaboró con Don Jaime, Primer Presidente de la República Democrática, después de derrocar al Dictador Salomón, el último General de diez soles y establecer así, la institucionalidad política y democrática de la casa. Sin embargo, la democracia que ayer había hecho de Riguel un político honrado y poderoso, hoy le arrebataba el poder; pues sin una policía política, reducida a nada por los derechos civiles, era inevitable reprimir a los poetas y evitar con ello, que se impusiera la anarquía.  Sin cárceles y derecho punible, el derecho al libre desarrollo de la personalidad hacía que los bares,  burdeles y  parques fueran más valiosos que los edificios institucionales que se derruían a pedazos. La sala se había cerrado tras sus puertas invisibles. Pero se habían abierto las de los escondites secretos, la buhardilla imaginaria y el taller de lámina y pintura, tertulia, arte y sobre todo, verdadera poesía vital. 


      
   Los antiguos militares que habían sobrevivido hasta estos días, sin gloria, seguían soñando con polainas y espadas,  cañones, clérigos y generales. “Sin orden no hay Estado, sin milicia, hay revolución; la misma que otrora nos depuso”. Pensaban.  Sin embargo, ya no les importaba nada, para una República Democrática que había sustituido a la Dictadura Militar, mil veces era preferible la Anarquía… “Si ya no está el caudillo, el Generalísimo Salomón, ahora a ningún hijo de puta le vamos a obedecer”. Decían, temblando de rabia contenida, dirigiéndose vengativamente hacía las urnas.  
  
La Antigua Casa Estado que se había edificado a espada y bota militar, vio con tristeza como su gloria castrense se rendía ante el voto democrático de unas masas ordenadas, mirando como la palabra coherente vencía a la espada, no, en el campo de batalla como debiera ser, sino en los comicios y las urnas. Presenció como el abogado, político y burócrata derrotaba al general soldado. No obstante, hoy la Nueva Casa Estado, observaba, inmisericordemente,  alzarse a la poesía como un tsunami, sobre una democracia verdadera, un Estado social de derecho tan perfecto y estable, hasta el punto de convertirse en anarquía ante los ojos absortos del último abogado presidente; sin embargo, poema, tácito, ante la mirada vengativa de los viejos militares o explícito, ante la de los nuevos poetas, que por un voto de diferencia, ganaron el derecho a desgobernar de manera irrevocable.

Fin.  

Félix M. de Óç.



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jueves, 27 de octubre de 2016

BARBELO Y LOS DOCE REINOS CELESTIALES



BARBELO Y LOS DOCE REINOS CELESTIALES

Onda/Partícula,
Mente/Cerebro,
Ideología/Estado,
Esencia/Existencia,
Espíritu/Dios…
Los últimos serán los primeros…

El Gran Observador colapsa la función de onda de la partícula primigenia, que contiene el universo sintrópico de los imperecederos…
Big-Bang de la inmortalidad, Barbelo, divino reino celestial, en medio de un océano de energía…

Mas los arcontes creían en el poder ciego heredado de Sofía y redujeron al hombre a cenizas…
Pero el Vástago Universal de Vida redimió de los vestigios al León con alas de águila…
Levantando la Esencia/Existencia del verdadero ser…

Creando así una nueva asamblea de dioses, donde los doce reinos celestiales, giran en igualdad de condiciones a las cuatro primeras luminarias... 



Félix M. de Óç. 


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ENERGOPOEMAS 1.



1.

La evolución material en el espacio, se conserva en el tiempo, como si fuese huella imborrable en un disco de pura información energética…
Paralela, que en el espacio evoluciona…
Bien sea, en eterno retorno, según la entropía; o en sintropía perfecta, en espiral ascendente de evolución infinita, de acuerdo a la ley que prevalezca en el cosmos…

De esta última, el Gran Observador Es… De Él, emanan los imperecederos…
En ésta espiral, cual gramófono del tiempo, algún día sonará la música del hombre poeta camino al Espíritu/Dios…
Porque el hombre poeta ama el cosmos por encima del caos, aun cuando sea libre y la incertidumbre lo abrace…


2.

La superposición cuántica garantiza la doble estancia de una partícula que se entrelaza con su par clonada entre las fronteras del espacio y el tiempo…
Millones de partículas, sinergia de enlaces en un sistema complejo donde fluye toda la información del ser y permanece incólume, hasta ser reproducida como Esencia/Existencia en el tejido existencial de Dios…



Félix M. de Óç. 


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miércoles, 5 de octubre de 2016

LLENO DE MÍ



Lleno de mí…
Hoy la lluvia me reclama,
Por fin mi amante me dio de beber
Hoy me he bebido su tristeza…
Sin embargo, el ánfora ha estado vacía desde siempre…
Pues mi insaciable sed, la ha consumido gota a gota…  




Félix M. de Óç.



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HERMENÉUTICA POÉTICA ESTELAR


Hermenéutica Poética Estelar

Famélico de razón en la poesía, buscas hallar libertad entre cadenas…

Intuye pues, el significado oculto de los versos, luz atrapada en la singularidad cósmica, de gravedad infinita, de un agujero negro…

Comprende la analogía desde la emoción de una estrella de neutrones, antes de parir su energía al vacío…

O imagina al menos, ser un agujero blanco de chorro de materia, bullir en medio de un universo paralelo…

La hermenéutica poética estelar sólo alumbra como universo de luz en la conciencia, si no razonas y huyes a la locura de un lenguaje de imágenes y sombras… 

La poesía sideral sólo asoma si la rapsodia escapa a los elementos de juicio, que como campo de Higgs aprisiona, a las partículas con masa, que no de luz o fotónicas se ausentan cual radiación alfabética…

O sea, cuando la poesía se escabulle de la jaula misma de la razón… como radiación cósmica de fondo…   



Félix M. de Óç. 



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viernes, 23 de septiembre de 2016

EGO


Ego

Solo, como un árbol en la mitad del mundo.
Preso de la noche y de las sombras…
 En medio de un no sé…
Con categoría de bosque errabundo.

Oigo una canción a lo lejos como latido de perro en la distancia…
Se turba mi esperanza de soledad absoluta; luego, se apacigua, pues todo está quieto como rueda de batán abandonada, en el desierto de arenas constreñidas, teñidas de azul y rojo del antiguo avatar inclemente…   
 
A veces siento el pináculo de la tragedia entrelazarse con las raíces más ocultas de la desnuda incertidumbre… y que todo ello me pertenece… ser…

¡Ah!

¿Pero, quién soy yo, para creerme lo más vilipendiado de las cosas?

Siempre quise decir desde mi esencia algo así como el silencio, propagándose al vacío cual ondas gravitatorias de energía oscura…
Sentirme como la nada en su plena libertad de desarrollo y apogeo…
Ávido de confusión…

Sin embargo, algo en mí, conspiraba contra el torque del desprecio…

Era el ruido que azuzaba como viento cósmico…
 Vaticinando la elocuencia de unas palabras vagabundas, perdidas como olas en un océano de fonemas ininteligibles, que nadie podía escuchar ni entender más que yo…

Palabras reproducidas en el mismísimo gramófono del tiempo, donde se fueron mis años de juventud oyendo la música prohibida de libertad y aguacero…

Es algo que me dice: ¡Yo Soy!




Félix M. de Óç. 



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