miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA RESURRECCIÓN SUPERA EL ETERNO RETORNO



LA RESURRECIÓN SUPERA EL ETERNO RETORNO DE NIETZSCHE

“Ahora bien hay variedades de dones, pero hay el mismo espíritu; y hay variedades de ministerios, y sin embargo hay el mismo Señor; y hay variedades de operaciones, y sin embargo es el mismo Dios que ejecuta todas las operaciones en todos. Pero la manifestación del espíritu se da a cada uno con un propósito provechoso.” (Primera de Corintios 12, 4-7). Me he remitido al apóstol Pablo como fortaleza para iniciar este escrito; no sin antes suplicar al Espíritu Santo, ilumine mi camino en este humilde ensayo y sea mi guía en cada palabra que pueda escribir en el. Que sea de provecho para el que lo lea y no un engaño, que sirva de algo en la búsqueda sincera de la Luz Espiritual y de la Vida Eterna. Gracias Dios mío, por permitirle a una de tus creaturas escribir estas sencillísimas palabras. Que sean un sincero homenaje a nuestro Señor Jesucristo y a la Resurrección que establece la espiritualización de la carne.
Hermanos Arkheistas, en alguna oportunidad les escribí acerca de la idea de la vida eterna, basado en el primer principio de la termodinámica o conservación de la energía, que metafísicamente he creído, encuentra su fundamento en el ser de la substancia inmanente, o sea en el hile-cronotopo (materia espacio temporal en reposo absoluto o simbólicamente en Zeus existencial)[1]. Sin embargo, hermanos, tal aseveración es incompleta y más aún es falsa; porque aquella disertación implicaba el desarrollo de tal concepto pero a la óptica de una visión física y metafísica de la misma; en otras palabras, explicada a la luz de un sistema “secular”, sin considerar la realidad ontológica del Espíritu Santo. Ahora bien hermanos míos, desarrollar esta idea bajo inspiración divina, me obliga a ver a Jesucristo y escuchar su mensaje de redención como centro de gravedad en todo el proceso cósmico de la creación, lo cual cambia de plano toda aseveración anterior.
Según la teoría del Big-Bang o gran explosión, el universo físico tuvo un origen, un punto alfa que sugiere que la energía / la materia, el espacio y el tiempo se hallaban condensados en una singularidad cósmica[2] de altísima temperatura que una vez explotó inició un proceso gradual de enfriamiento y una consecuente evolución en el tiempo... no obstante, cual sistema termodinámico que es, tendrá un final caótico como su origen, debido a la segunda ley termodinámica o entropía[3]. Comenta Antonio Vélez al respecto de la entropía en la evolución: “la corrupción de la energía es un precio obligado por el derecho a evolucionar. De ahí que el orden creciente almacenado en cada organismo se vea compensado por un desorden, también creciente en el medio ambiente”[4]. Y esto también puede hacerse extensivo al universo, lo cual implica que el mundo físico tendrá un final inevitable, una dirección en el tiempo encaminada a su destrucción, el punto omega de la creación. Pero además una esperanza de vida eterna para el creyente en Cristo y en la resurrección de nuestros cuerpos y almas. “Y el que estaba sentado sobre el trono dijo: ¡Mira! Estoy haciendo nuevas todas las cosas [...] Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin.” (Revelación 21, 5-6).
Ahora bien, Según mi humilde entender de las cosas, creo firmemente que el fundamento metafísico de la entropía es el nihil-absolutum, o sea la nada absoluta que simbólicamente la he denominado el Hades in-existencial... en otras palabras, la muerte del mundo en el mundo. En el nuevo testamento el apóstol Juan la describe como uno de los cuatro jinetes apocalípticos o al menos parte de su séquito: “Y vi, y, ¡miren! Un caballo pálido; y el que iba sentado sobre él, tenía el nombre muerte. Y el Hades venía siguiéndolo de cerca...”[5]. Pero entre el transcurrir del origen del universo y su muerte térmica, subsiste un devenir semejante a un océano de energía, discontinua y susceptible de cambio... que obedece a un código fundamental que sienta las bases de su funcionamiento desde el principio mismo de su creación. Obedece a una ley de causa y efecto concomitante emanada del propio Dios. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Ahora bien, la tierra resultó sin forma y desierta y había oscuridad sobre la superficie de la profundidad acuosa; y la fuerza activa de Dios estaba moviéndose de un lado a otro sobre la superficie de la aguas.”(Génesis 1, 1-2). A este tejido existencial he denominado simbólicamente Poseidón fenoménico o devenir en que evoluciona el universo. De alguna manera sostengamos: que el primer principio termodinámico hace referencia a la existencia positiva de las cosas en el universo, independientemente de su antítesis: la negatividad absoluta, que derruye la existencia a una mera transformación de las cosas relativamente existentes en el orbe, incluido el cosmos mismo degenerándolo a caos; ahora bien, de la interrelación de ambas se desprende la idea del devenir del mundo como resultado causal de dicha relación. Es bueno anotar que al hablar de existencia nos referimos al aspecto secular de la creación, en otras palabras a la creación de la tierra según el génesis[6] no así del cielo o substancia trascendente en el paracleto de Dios. “Lo que ha nacido de la carne, carne es y lo que ha nacido del espíritu, espíritu es.” (Juan 3, 6).

Así las cosas, lo que es hecho de carne no puede evadir su destino final en un proceso de muerte inevitable. Y sin embargo a Nietzsche esto no le importaba demasiado, pues creía en el eterno retorno del universo; y así lo describe en “Así hablaba Zaratustra”: “Ahora me muero y extingo y al instante seré una nada. Las almas son tan mortales como los cuerpos. Mas retorna el nudo de causas del que estoy prendido; ¡este nudo me volverá a crear! Yo mismo figuro entre las causas del eterno retorno. Retornaré junto con este sol, esta tierra, esta águila y esta serpiente -no a una nueva vida, no a mejor vida ni a otra vida parecida a ésta; - retornaré eternamente a esta misma vida, en lo más grande y también en lo más insignificante, para que enseñe de nuevo el eterno retorno de todas las cosas; - para que diga de nuevo la palabra del Gran Mediodía de la tierra y del hombre; para que anuncie de nuevo el superhombre a los hombres. He dicho mi palabra y sucumbo a mi palabra - así lo quiere mi eterno destino...”.
Ahora bien, la posibilidad de que el eterno retorno sea algo cierto, dependerá físicamente de que el universo colapse en un poderoso Big-Crunch, o sea, que se reduzca su masa a una singularidad cósmica, su temperatura se incremente y de nuevo comience el proceso de creación universal con otra gran explosión. Otro Big-Bang, pero en un ciclo interminable de explosiones e implosiones del universo: creaciones y destrucciones del mismo; no obstante, violando el segundo principio termodinámico, o sea, que los efectos precedan a las causas y que la gran explosión obedezca idénticamente a los códigos originales de la misma, debido a la obligatoria retrotracción en el tiempo y eso sin contar con la incertidumbre[7] de la física cuántica en la singularidad del universo. En su libro La Historia del Tiempo, el físico ingles, S. Hawking, escribió sobre la direccionalidad del tiempo en cuanto al Big-Crunch y dijo al respecto que sería imposible suprimir la entropía en tal proceso evolutivo; y sin embargo, aun cuando en un comienzo lo creyó asequible, más adelante admitiría su error: “Al principio, yo creí que el desorden disminuiría cuando el universo se colapsase de nuevo. Pensaba que el universo tenía que retornar a un estado suave y ordenado cuando se hiciese pequeño otra vez. Ello significaría que la fase contractiva sería como la inversión temporal de la fase expansiva”. Sin embargo, “me di cuenta de que había cometido un error: la condición de que no haya frontera implicaba que el desorden continuaría de hecho aumentando durante la contracción.” En otras palabras, que el universo seguiría estando condenado al caos, y su retroceso en el tiempo sería imposible, como para volver a reagruparse en un código original, que dé las bases perfectas de un mundo idéntico como el del cual se contrajo. Se abre entonces la posibilidad y con ella, la probabilidad de que el mundo se combine de infinitas formas en el origen. Las causas y efectos prácticamente nunca más volverán a ser los mismos. Pues en la singularidad: “Dios juega a los dados con la creación”, y ¿qué acaso Dios todo poderoso, no puede hacer lo que a bien le plazca con sus cosas?
Ahora bien, supongamos que el universo colapsase violando la ley de entropía y el principio de incertidumbre en la singularidad ¿Qué pasaría con aquellos comprados con la sangre de Cristo que al igual que su Maestro siguen con Él su camino al Padre? “Salí del Padre y he venido al mundo. Además, dejo el mundo y sigo mi camino al Padre.”(Juan 16, 28). ¿Qué acaso la substracción de energía al universo físico no afectaría de manera incuestionable y más radicalmente el resultado del código inicial en la singularidad cósmica? En otras palabras, lo rescatado del orden físico y conservado en orden espiritual, negaría totalmente la posibilidad de un código repetible en el origen del mundo y todo cuanto evolucionara de él jamás volvería a hacer como al principio, en el otro tiempo original, aun cuando se contrajera. En consecuencia, por cuestiones de causa y efecto Nietzsche nunca más volvería a existir. Si acaso, retornaría en otro ser bien diferente del que antes era, eso si, condenado a sufrir la muerte eterna de nacer y morir en un círculo vicioso y absurdo de un universo físico, propiedad de Satanás ¡Que peor infierno que ese! Mejor sería dejar de existir para siempre... “[...] Porque los gusanos mismos [que están] sobre ellos no morirán y su fuego mismo no se extinguirá, y tendrán que llegar a ser algo repulsivo para toda carne.” (Isaías 66,24). ¡El que tenga oídos que oiga!
(En Juan 8, 23, 44 y 51) Jesús habla a los hombres de su reino espiritual al cual los no creyentes jamás tendrán acceso, además les advierte de que el mundo físico y lugar de muerte eterna no es suyo, sino del Diablo; y que su verdadero Reino está en el cielo y solo quien escucha su palabra y deposita fe en ella tendrá vida eterna: “Ustedes son de las regiones de abajo; yo soy de las regiones de arriba. Ustedes son de este mundo; yo no soy de este mundo [...] Ustedes proceden de su padre el Diablo, y quieren hacer los deseos de su padre. Ese era homicida cuando principió, y no permaneció firme en la verdad, porque la verdad no está en él. Cuando habla la mentira, habla según su propia disposición, porque el es mentiroso y el padre de la mentira [...] Muy verdaderamente les digo: si alguien observa mi palabra, no verá la muerte nunca”. Hermanos míos, el ateísmo nos mata el espíritu, pues nos enreda con mentiras que niegan la palabra de Jesús. Recordemos que a Satanás sólo le interesa nuestra muerte y no nuestra vida, menos aquella que es eterna. Él quiere para nosotros la oscuridad, que le acompañemos para siempre en el abismo de fuego. Por eso no nos dejemos embaucar por la palabra fraudulenta, busquemos la Luz de Dios en Jesucristo. Dios no está muerto como dice Nietzsche... porque Dios es Dios de vivos y no de muertos. “Pero el que los muertos son levantados aun moisés lo expuso, en el relato acerca de la zarza, cuando llama a Jehová el Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob. Él no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos ellos viven.” (Lucas 20, 37-38). Porque Dios persigue para nosotros la Inmortalidad y no la muerte y menos todavía una absurda secuencia de vida y muerte en el reino de Satanás. Él quiere que seamos dioses con Él (“En aquel día ustedes conocerán que yo estoy en unión con mi Padre y ustedes están en unión conmigo y yo estoy en unión con ustedes[8]”) Por eso no nos defraudemos a nosotros mismos, busquemos a Jesús y acompañémosle cual seres auténticos, verdaderamente existenciales, únicos y socialmente aferrados a Dios en un proceso de incorrupción y evolución espiritual hacia nuestra Vida Eterna, en Dios por Dios y para Dios.
En conclusión hermanos, por encima de teorías físicas y filosóficas está la Fe, y ésta nos dice a través de la oración[9] y de las sagradas escrituras, que así como hubo un principio habrá un final de todo cuanto implica el universo físico. Salvo para aquellos que crean en la resurrección. Aquellas entidades psicofísicas serán rescatadas de este ambiente demoniaco y elevadas a cuerpos gloriosos y gozarán la felicidad de vivir eternamente cerca del trono de Dios y de Jesucristo, a su diestra. “En unión con Él ustedes, también, están siendo edificados juntamente para [ser] lugar donde habite Dios por espíritu.” (Efesios 2, 22).
Félix M. de Óç.



[1] Consultar http://www.arkher.blogspot.com/
[2] En el instante del Big-Bang, cuando toda la materia y energía estabán condensados en un punto, se desconoce que leyes físicas prevalecían. Arrugas en el tiempo. George Smoot y Keay Davidson.
[3] Entropía: magnitud termodinámica que mide la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema.
[4] Del Big-Bang al homo sapiens. Antonio Véllez.
[5] Ver Revelación 6, 8
[6] Ver génesis 1, 1.
[7] “Principio de incertidumbre o de indeterminación. Principio formulado por Heisenberg según el cual no podemos conocer con exactitud y simultáneamente la posición y la velocidad de una partícula. Cuanto mayor es la precisión con que conocemos una, menor es la precisión con que podemos conocer la otra.”El universo en una cáscara de nuez. Stephen Hawkin.
[8] Juan,14, 20
[9] Pues la oración nos contacta directamente con Dios.

JURISDICCIÓN DE LA LEY MORAL



JURISDICCION DE LA LEY MORAL EN EL SISTEMA DE COSAS...


Una dialéctica de salvación “Esto es lo que ha dicho Jehová: Los cielos son mi trono, y la tierra es el escabel de mis pies...” (Isaías 66,1).


Hermanos en la Luz. Como pueden ver en el gráfico, el cuadrado simboliza una pequeñísima parte del enorme poder de Dios donde se cumple su ley moral desde el origen del universo, una especie de jurisdicción dialéctica en el sistema de cosas; pues Dios creó los cielos y la tierra[1] e hizo de estos su trono y de aquella el escabel de sus pies. E igualmente estableció su poder entre los hombres dividiendo en su creación la luz de la oscuridad: separando el bien del mal... “Y procedió Dios a decir: llegue haber luz. Después de eso vio Dios que la luz era buena, y efectuó Dios una división entre la luz y la oscuridad.” (Génesis 1, 3-4). Ahora bien, Jehová compartió, comparte y compartirá con Jesucristo, su Primogénito Hijo, el Reino de los Cielos (fruto de la Gran Renovación) para establecer con Él a su diestra, su trono del Bien en la Luz de su Espíritu... “Y la ciudad no tiene necesidad de que el sol ni la luna resplandezcan sobre ella, porque la gloria de Dios la alumbró, y su lámpara era el cordero. Y las naciones andarán por medio de su luz, y los reyes de la tierra traerán a ella su gloria. Y sus puertas absolutamente no se cerrarán de día, pues allí no existirá noche.”(Revelación 21, 22-25); sin embargo, también consignó que la tierra debiera ser cárcel del Apostata maldito, que se sublevó contra Dios y por lo tanto fue arrojado a ella (universo físico) con la tercera parte de los ángeles rebeldes. Por medio de éste entro en el mundo del hombre el mal y el pecado. “Y estalló guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron con el dragón, y el dragón y sus ángeles combatieron. Pero este no prevaleció, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. De modo que hacia abajo fue arrojado el gran dragón, la serpiente original, el que es llamado diablo y Satanás, que está extraviando a toda la tierra habitada; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” (Revelación 12, 7-9).


Observemos entonces que se ya se habla de la creación humana y con ella del mundo conceptual del hombre. No obstante, en la tierra se deja en claro la existencia del alma humana insuflada del aliento divino que acerca al hombre con el Espíritu Inmortal de Dios; pero además, del cuerpo físico hecho del barro universal... determinado a la muerte[2] “Y procedió Dios a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente”. (Génesis 2, 7). Así las cosas, con el ser pensante nace la cultura o dimensión conceptual del hombre... aparece el mundo y con este el pecado que implica su distanciamiento de Dios (la tentación y la desobediencia): “Y también le impuso Jehová Dios este mandato al hombre: [...] pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo no debes comer de él, porque el día que comas de él positivamente morirás[3]”... y sin embargo, “ante esto la serpiente le dijo a la mujer: positivamente no morirán. Porque Dios sabe que en el mismo día que coman de él tendrán que abrírseles los ojos y tendrán que ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo[4]”. Por consiguiente, La luz y la oscuridad se abren ante los ojos del hombre, el libre albedrío derruye al ser humano en un torrente de circunstancias que no entiende... Por un lado existe en el hombre una naturaleza divina insuflada de Dios que implica fe y sometimiento, además de su Gracia, Vida Eterna y libertad; por el otro su propio mundo, ahora cohabitado y gobernado por el diablo, la mentira, el mal y la muerte y por ende la esclavitud y la tiranía. Al pobre humano no le queda otra cosa que escoger a quien debe obedecer de ahora en adelante: o bien al Hijo de Dios como Alma Viviente en el Espíritu Santo o a Satanás en el mundo de muerte del Leviatán de los hombres. Satanás ha sugestionado al hombre a tal punto de obligarlo a fabricar ídolos de mentira, ideologías falsas adversas a Dios y a Jesucristo, a crear toda una parafernalia de universales que subsumen al ser auténtico en una supuesta objetividad de puros embustes... El Leviatán con sus engaños hipnotiza la mente humana, separa al hombre de sí mismo y a la mujer de sí misma y a todos los hombres y mujeres que pueda de la realidad Subjetiva y Personalísima de Dios. “Los formadores de la imagen tallada son todos ellos una irrealidad, y sus predilectas mismas no serán de ningún provecho; y como sus testigos ellas no ven nada ni saben nada, a fin de que se avergüencen. [...] Ellos no han llegado a saber, ni entienden, porque sus ojos han sido embadurnados para que no vean, su corazón para que no tenga perspicacia.” (Isaías 44; 9,18). Pero Dios en su infinito amor nos envió una esperanza: “He suscitado [a alguien] desde el norte, y él vendrá. Desde el nacimiento del sol el invocará mi nombre. Y vendrá sobre los gobernantes diputados como [si fueran] de barro y tal como un alfarero que holla el material húmedo.” (Isaías 41,25). El suscitado es el Hijo del Hombre que viene a desenmascarar al sistema, a corregir las cosas desde la Luz, a destruir imágenes y edificar un nuevo mundo espiritual en la tierra.


¡Oh hermanos míos en la Luz! Desde el comienzo el homicida ha sido siempre mentiroso... Nos ha hecho creer que el mundo contiene al cuerpo prisionero, este pobre al alma y el alma al espíritu de Dios al final... Pero en realidad hermanos míos: ¡Es en el Espíritu de Dios que se liberan nuestras almas, en su aliento se glorifica el cuerpo; y no obstante el polvo será cárcel de la vana influencia del apostata infernal[5]! El hombre ha creado su propio mundo, pero no lo gobierna; pues en él se han aposentado como gobernantes supremos Satanás y sus ángeles, como parásitos infernales dictan leyes injustas al oído del hombre. Nuestra misión hermanos, es la de no escucharlos más... ellos son el pecado, la mentira, el mal y la muerte. Por eso busquemos nuestra salvación en Cristo, en la Luz de Dios. En otras palabras hermanos: Sometámonos a la voluntad de nuestro Padre Celestial, esa será nuestra mayor libertad; pues porque creernos libres en el mundo sólo nos hace más esclavos del maligno.


Ahora bien mis amigos, escuchad, pues la libertad en Dios encierra una gran y dulce paradoja: Pues el esclavo de Dios lleva libertad en sus cadenas, Gracia de Dios; pues sus cadenas le redimen por Jesucristo de la esclavitud de su libertad al hombre en el mundo o sea del pecado original y escatológico, condena de Dios por el Diablo acusador. “Ahora han acontecido la salvación y el poder del reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque ha sido arrojado hacia abajo el acusador de nuestros hermanos, que los acusa día y noche delante de nuestro Dios”. (Revelación 7, 10). Entre tanto, concomitantemente se perfecciona en Dios una ley moral... pues según esta ley dialécticamente diríamos: Que si Jesucristo es la tesis de Dios, su antítesis será Satanás, o sea el diablo; en consecuencia la síntesis será el Hijo del Hombre, que con su muerte y resurrección, implica su glorificación en Cristo: al Hijo de Dios y en su Gracia subsume el pecado del hombre y redime a la humanidad del mundo en el juicio final y por consiguiente, libera al hombre en Espíritu Santo... que en realidad viene a nosotros pues nosotros difícilmente podríamos ir a Él. “No obstante, les digo la verdad: es para provecho de ustedes que yo me voy. Porque sino me voy, el ayudante de ninguna manera vendrá a ustedes; pero si sigo mi camino, se lo enviaré a ustedes. Y cuando ése llegue dará al mundo evidencia convincente respecto al pecado y respecto a la justicia y respecto al juicio; en primer lugar respecto al pecado, porque ellos no están ejerciendo fe en mí; luego respecto a la justicia, porque voy al padre y ustedes no me contemplarán más; luego respecto al juicio, porque el gobernante de este mundo ha sido juzgado. [...] Salí del Padre y he venido al mundo. Además, dejo el mundo y sigo mi camino al Padre. [...] Les he dicho estas cosas para que por medio de mí tengan paz. En el mundo tendrán tribulación, pero ¡cobren ánimo! Yo he vencido al mundo.” (Juan 16, 7-11,28, 33). En conclusión hermanos, nuestra real misión en la tierra es hacer uso correcto de la facultad de elección. O sea, o dejamos yacer nuestra alma esclavizada en el cuerpo o glorificamos el cuerpo a través de nuestra alma liberada en Dios. Pues si el pecado consiste en el alejamiento del Padre y por consiguiente, en la muerte del hombre en el mundo; la Gracia significaría entonces: el regreso a Dios y por ende, la Resurrección del Hombre en su Espíritu. La glorificación de Dios en la tierra y de su Hijo y de sus Hermanos en Cristo: “[...] Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu hijo, para que tu hijo te glorifique a ti. [...] Yo te he glorificado sobre la tierra, habiendo terminado la obra que me has dado que hiciese. Así es que ahora, Padre, glorifícame al lado de ti mismo con la gloria que tenía al lado de ti antes de que el mundo fuese [...] Además yo les he dado la gloria que tu me diste, para que ellos sean uno así como nosotros somos uno.” (Juan 17; 1, 4, 5, 22). Entre tanto, debemos esperar el fin de este sistema de cosas y engaños, y esperar con fe y con cruz a cuestas, la llegada del Hijo del Hombre por segunda vez a la tierra. A una nueva tierra: a la otra nueva perspectiva de Luz, Amor y Fe, donde no existe la mentira y el reino de Poseidón fenoménico se haya secado: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Delante de él huyeron la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos... Y vi un nuevo cielo y una nueva tierra; porque el cielo y la tierra anterior habían pasado, y el mar ya no existe.” (Revelación 21, 1).


Félix M. de Óç. [1] Los cielos simbolizan aquella substancia trascendental que va más allá del universo físico o substancia inmanente, ésta a su vez, es simbolizada por la tierra y el mundo. Además existen otras moradas de Dios de las cuales sólo tenemos una mera reseña... Pues Dios en su infinita grandeza a creado muchos más universos. [2] “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Porque polvo eres y a polvo volverás” (Génesis 3, 19) [3] Génesis 2, 17. En este pasaje bíblico: Dios le advierte tácitamente al hombre de que el inicuo está en la tierra y de que es responsabilidad suya creerle o no, ser mortal o inmortal; en otras palabras, que a consecuencia del libre albedrio (Poder de decisión), a razón de ser el hombre creado a imagen y semejanza suya, prescrito está a escoger entre el bien y el mal. Lo cual obliga a Dios a salvarlo del mal. Pues de lo contrario, el hombre en su flaqueza, estaría inevitablemente condenando a la muerte. [4] Génesis 3, 4-5. En este pasaje bíblico podemos observar que Satanás sabía que el hombre era inmortal por naturaleza (Dios no es Dios de muertos sino de vivos) y por lo tanto también sabía que de la única forma que podría matarle era engañándolo, provocando su alejamiento de Dios... o sea, generándole una muerte en vida, encerrándolo en su propia aflicción. Hipnotizándolo en el mundo. [5] Obsérvese y estúdiese el gráfico.

domingo, 29 de agosto de 2010

EL SABER DE DIOS MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL



EL SABER DE DIOS VA MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL
Nosotros si a acaso dilucidamos algunos misterios bajo el sol

Un mensaje de luz para los que aún están en la sombra...

Y habló Jehová y dijo: “...Yo soy Jehová, y no hay ningún otro. Formando luz y creando oscuridad, haciendo paz y creando calamidad, yo Jehová, estoy haciendo todas estas cosas.”(Isaías 45; 6,7). Para nosotros, pobres hombres en medio de una penumbra de alto contenido críptico, misterioso, codificado desde una absoluta voluntad que trasciende el bien y el mal, que derruye nuestro entendimiento a una mísera idea de hombres supuestamente racionales, nos asusta y aturde el sólo hecho de pensar en un Dios todo poderoso y vengativo, que mide con vara de hierro su creación. Pero quienes somos nosotros para enjuiciar a Dios desde nuestra óptica ciega de simples creaturas mortales“¿Quién a tomado las proporciones del espíritu de Jehová, y quién como su hombre de consejo puede hacerle saber algo?” (Isaías 40, 13). ¿Quiénes nos creemos para cuestionar a Dios?


¡Oh Dios mío! Que nos baste a nosotros tener fe para acceder a tu luz, a tu infinita misericordia, y que por nuestra fe, dolor y arrepentimiento al menos seamos dignos de dormir bajo el dintel de las puertas de la nueva Jerusalén: cerca de nuestro señor Jesucristo tu hijo único y salvador nuestro, María su Madre Celestial, Ángeles y Apóstoles, Elegidos y Mártires, Profetas y Redimidos[1] y todos los Santos de tu gloria; y cerca de ti, ¡oh! Jehová nuestro Padre y Dios Verdadero ¡Qué me baste saber a mí, oh Dios mío, que te tengo cerca! Así sea.



Les hablo a vosotros hermanos que hemos estado tanto tiempo a la sombra de Dios, que nos hemos alejado de su luz creyendo hallar en el mundo de las pasiones humanas, el furor de la vida a través de la lujuria y otros vicios. Recordad hermanos, que Dios nos dio el libre y albedrio tan sólo para escoger a quien debemos de seguir en el mundo. Y Dios nos dijo: “Diríjanse a MÍ y sean salvos, todos ustedes [que están en los] cabos de la tierra; porque yo soy Dios, y no hay ningún otro.”(Isaías 45, 22). Y en (Isaías 46, 1,2 y 4) nos dice y nos advierte, pero también nos suministra auxilio espiritual: “Bell se ha doblado, Nebo está agachado; sus ídolos han venido a ser para las bestias salvajes y para los animales domésticos, sus cargas piezas de equipaje, una carga para los animales cansados. Tienen que agacharse; cada uno tiene que doblarse por igual; simplemente no pueden suministrar escape para la carga, sino que su propia alma tiene que ir al cautiverio.”Sin embargo, más adelante prescribe Jehová: “Yo mismo ciertamente actuaré, para que yo mismo pueda llevar y para que yo mismo pueda soportar y suministrar escape.”. Hermanos en la sombra, no seamos más bestias de carga... El mundo es una penumbra entre la luz de Dios en cabeza de su hijo Jesucristo nuestro señor y salvador y entre la sombra... el principado inicuo del acusador Satanás. Todo ocurre en cumplimiento de la Sagrada Ley Moral en la Tierra, división perfecta entre el bien y mal, principio de apostasía, redención y parusía... En otras palabras hermanos, huyamos del pecado y encomendémonos a Dios, oremos y sigamos fielmente a Jesucristo, con nuestra cruz a cuestas.



En su libro “Narraciones de un exorcista” Gabriele Amorth afirma que “A la luz de la centralidad de Cristo se ve el plan de Dios que creó buenas todas las cosas por Él y para Él. Y se ve la obra de Satanás, el enemigo, el tentador, el acusador, por cuya sugestión entró en la creación, el mal, el dolor, el pecado, la muerte. Y se manifiesta la restauración del plan divino realizada por Cristo con su sangre”.



En Efesios 6, 12, Pablo en su leal saber y entender describe indefectiblemente al enemigo común al cual debemos hacer frente: “Porque tenemos una pelea, no contra sangre y carne, sino contra los gobiernos, contra las autoridades, contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales”. Recordemos hermanos que nuestros cuerpos son el templo de Dios tal como Jesucristo nos lo enseñó en Juan 2, 19-21: “...Demuelan este templo y en tres días lo levantaré... mas Él hablaba del templo de su cuerpo”. De allí que nuestra obligación sea cuidar el templo de Dios... apartarnos del inicuo, proteger los lugares santos: huir de la perdición del alcohol, del cigarrillo, de las drogas, del dinero fácil, de los casinos y prostíbulos, en fin, de todos aquellos antros en los cuales habita el diablo y en los cuales nos tienta para perdición nuestra. Pero también de los excesos de todo tipo: como es posible ceder a las tentaciones del dinero y la opulencia y de tanto trabajar y producir riquezas, olvidarnos de que Dios existe. Olvidarnos de Dios es olvidarnos de nosotros mismos, hermanos. Y vivir sin su luz es existir en una oscuridad de muerte.



Jamás podré olvidar el infierno en vida que soporté cuando creí que la riqueza lo era todo, que el supuesto prestigio debería ser una meta, que la economía un fin, que la política una realidad irrevocable, que el estado suplantaba a Dios y que nuestra existencia era sólo nuestra y que dependía de un código sustancial... a pasos agigantados el: 666 de la bestia. “Aquí es donde entra la sabiduría: el que tenga inteligencia, calcule el número de la bestia salvaje, porque es número de hombre; y su número es seiscientos sesenta y seis.”(Revelación 13, 18). Entonces yo padecí las vejaciones del diablo por apartarme de Dios. Y todo fue sufrimiento y soledad. Fui atacado por posesos de Satanás y destruyeron mi lugar de trabajo. Y hubo una gran explosión y otros posesos me abandonaron a mi suerte. Y viví el infierno de la gran ramera del apocalipsis “y sobre su frente estaba escrito un nombre, un misterio: Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las cosas repugnantes de la tierra. Y vi que la mujer estaba borracha con la sangre de los santos y con la sangre de los testigos de Jesús.” (Revelación 17, 5 y 6). Pues yo padecí las vejaciones del diablo por apartarme de Dios y por embriagarme y acostarme con aquella prostituta del diablo. Y los elementos se fueron contra mí y otros posesos de Belcebú me persiguieron y me acusaron y todo fue un plañir y un crujir de dientes.



Y sin embargo, yo seguí en la oscuridad y me embriagaba y me acostaba con prostitutas; pero en medio de mi vomito yo rogaba a Dios que me sacara de mi propia repugnancia. Entonces Jehová permitió que Satanás me obsesionara hasta el cansancio: y de pronto una oscuridad se apoderó de mí, un vacío existencial se abrió a mis pies como un abismo de fuego y sentí miedo de morir... viví en carne propia la segunda muerte: “pero en cuanto a los cobardes y los que no tienen fe y los que son repugnantes en su suciedad y asesinos y fornicadores y los que practican espiritismo e idolatras y todos los mentirosos, su porción será el lago que arde con fuego y azufre. Esto significa la muerte segunda.” (Revelación 21, 8) ¡Ah pobre de nosotros: entidades psicofísicas en un ambiente de perdición! A veces creemos que con la muerte de nuestros cuerpos todo nuestro dolor finaliza y que con el suicidio termina todo; pero no hermanos míos... la muerte primera es una caricia en comparación con la segunda. La agonía de la primera por ser del tiempo es del tiempo, la otra por ser del alma es infinita. Y que decir del terror ¡Ay Dios mío, líbranos del terror! La soledad del ínfimo ser humano sin Dios es peor que la muerte física, es un estado de inconsciencia a perpetuidad extrema, un abismo sin fin en donde el alma muere de hambre y sed de espíritu... un colapso en nuestra propia entraña emocional, un total remordimiento de nuestras culpas. En los acontecimientos de un ritual exorcista, el Padre Cándido con un ejemplo interrogó al demonio sobre cómo era el infierno. El maligno a través del poseso le contestó al sacerdote: “...Allí cada uno vive replegado en sí mismo y desgarrado por sus remordimientos. No existe ninguna relación con nadie; cada cual se encuentra en la soledad más absoluta, llorando desesperadamente el mal que ha hecho. Es como un cementerio”.[2]



¡Oh Señor Jesús! Maestro y salvador nuestro, líbranos de la podredumbre y oscura tumba de Satanás, libéranos del mal, rescátanos del abismo. Muéstranos el camino a Dios, danos de tu vino y pan de espíritu para que nuestras almas no desfallezcan y sigan tu luz de vida por siempre y para siempre. Amen.



Hermanos en la oscuridad, el demonio busca apartarnos de Dios, no seamos más sus juguetes, por favor no seamos más su alimento, no agrandemos con nuestras almas el infierno. Busquemos a Dios, a Jesucristo su Hijo, a María Santísima auxiliadora. Pidamos al Espíritu Santo que nos de el don de fortaleza para aguantar las tentaciones y el de temor a Dios para ser dignos de Él. Tengamos fe en la Sagrada Palabra: “...Jesús clamó y dijo: El que pone fe en mí, no pone fe en mí [solamente], sino [también] en el que me envió; y el que me contempla, contempla [también] al que me envió. Yo he venido como luz al mundo, para que todo el que pone fe en mí no permanezca en la oscuridad.” (Juan 12, 44-46).



Hermanos en la oscuridad de este mundo, busquemos la luz, seamos seres de luz. Y digamos con Santa Teresa de Jesús: “No entiendo el miedo de quien grita: ¡Demonio! ¡Demonio!; cuando podría gritar: ¡Dios! ¡Dios! Y llenar de espanto el infierno”.

Félix M. de Óç.



[1] Ver Revelación 7, 9 - 10.
[2] Narraciones de un exorcista. Gabriele Amorth. Editorial San Pablo.
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jueves, 19 de agosto de 2010

SOBRE LA IRA DE DIOS



SOBRE LA IRA DE DIOS


Hermanas y hermanos en Cristo, es muy frecuente hallar en el Antiguo Testamento referencias a la ira de Dios, como por ejemplo: el establecimiento de la muerte por el pecado original, el diluvio universal, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la muerte de Onán etc. Y muchas veces nos hemos preguntado ¿por qué tanta violencia de parte de nuestro Dios si acaso Él mismo cuantas veces nos ha dicho que es bondadoso? E inclusive, tal cuestionamiento en más de una ocasión ha puesto a prueba nuestra fe. Pues bien mis queridos hermanos, la misión de este humilde ensayo es tratar de vislumbrar desde la óptica de un pobre ser humano, el porqué de la ira de nuestro Padre. Ruego al Espíritu Santo ser mi guía en este osado intento. Bendito sea Dios por permitirnos a hombres y mujeres poder escudriñar sus escrituras.


Para tal fin, he recurrido a una interpretación de carácter axiológica, doxástica y epistemológica como complemento, pero siempre a la luz de la Sagrada Palabra. Empecemos por la cuestión axiológica. En su libro en “Defensa de Dios” el presbítero Timothy Keller cita a la doctora Becky Pippert que al referirse sobre la ira dice: “...la rabia no es lo contrario al amor. Es el odio, y la forma suprema del odio es la indiferencia”. De allí que si observamos de manera objetiva el rigor de nuestro Padre Celestial, observamos más bien un acto de rabia por preocupación que de odio por nuestra conducta. En otras palabras, nos castiga porque nos ama. Por ejemplo: En Isaías 24, 1 y 5: Dios irrumpe en cólera a causa de la mala voluntad de su creación: “¡Mira! Jehová, está vaciando la tierra y dejándola asolada y ha torcido la faz de ella y ha esparcido sus habitantes”. ¿Mas por qué esta reacción?“ [Porque] ...La mismísima tierra ha sido contaminada bajo sus habitantes, porque han pasado por alto las leyes, han cambiado la disposición reglamentaria, han quebrantado el pacto indefinidamente duradero”. Y sin embargo, en Isaías 25, 8, se escribe: “Él realmente se tragará a la muerte para siempre, y el señor Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro...”. Porque como un buen padre nos ama y nos corrige; pues su verdadera intención es nuestro bienestar y no sólo el castigo, pues el castigo simplemente es un medio para enderezar nuestros caminos que finalmente nos conducirán a Él: “Porque el día de mi venganza está en mi corazón, y el mismísimo año de mis recomprados ha venido”. “...Durante [el tiempo de] toda la angustia de ellos le fue angustioso a Él. Y su propio mensajero personal los salvó. En su amor y en su compasión Él mismo los recompró, y procedió a alzarlos y llevarlos todos los días de mucho tiempo atrás” (Isaías 63; 4 y 9).


Y es que el Padre nos ama, tanto así que a través de los hombres de ciencia nos advierte. He ahí, que nuestro deber sea escuchar. Verbigracia los científicos predicen que el calentamiento global debido al incremento de smog en la atmosfera, traerá consigo terribles consecuencias para la humanidad, definitivamente un auto-castigo: “el calentamiento global ha ocasionado un aumento en la temperatura promedio de la superficie de la tierra. A causa de la fusión de porciones del hielo polar, el nivel del mar sufrió un alza de 4-8 pulgadas durante el pasado siglo y se estima que habrá de continuar aumentando... la magnitud y frecuencia de las lluvias también ha aumentado debido a un incremento en la evaporación de los cuerpos de agua superficiales ocasionado por el aumento de la temperatura”. Los científicos estiman: “que este incremento en la evaporación de agua resultará en un aumento en la intensidad y frecuencia de los huracanes y tormentas. También será la causa de que la humedad del suelo se reduzca debido al alto índice de evaporación, y que el nivel del mar aumente...”[1]. ¿Será qué nuestra indebida conducta estará gestando un nuevo diluvio universal? Afortunadamente en el Génesis 9, 11: Dios se compromete con Noé de nunca más exterminar la vida en la tierra al furor de un diluvio: “Sí, de veras que establezco mi pacto con ustedes: nunca más será cortada [de la vida] toda carne por aguas de un diluvio, y nunca más ocurrirá un diluvio para arruinar la tierra”. Con seguridad Dios no exterminará de nuevo la vida en la tierra. Pero si nuestra conducta continúa por el camino del abuso y el atropello, no esperemos caricias y abrazos de parte de Él, sino justicia divina que implica mucho sufrimiento y dolor. Correctivo que ninguno de nosotros desea, pero que ha veces los hijos necesitan para ser mejores. Esperemos siempre el amor de Dios nunca su indiferencia.


Por otra parte, desde mi punto de vista doxástico la ira de Dios implica la sombra de sí mismo creada por Él como mecanismo místico para efectuar el culmen de su Gran Obra. De allí, que Jehová recurra a la muerte, al Hades in-existencial (el Nihil-Absolutum) el diablo como auxiliador o acicate evolutivo de su creación. “Y procedió Dios a decir: llegue a haber luz. Entonces llegó haber luz. Después de eso vio Dios que la luz era buena, y efectuó Dios una división entre la luz y la oscuridad”. (Génesis 1, 3 y 4). En contraposición primigenia a este misterio de oscuridad, Dios había creado la luz o sea, la Vida Eterna en recompensa para su creación. No obstante, a la promesa de vida, el hombre antepone el pecado original que implica comer del fruto prohibido (“ante esto, la serpiente le dijo a la mujer: positivamente no morirán. Porque Dios sabe que en el mismo día que coman de él tendrán que abrírseles los ojos y tendrán que ser como Dios, conociendo lo bueno y lo malo” )[2], o sea, hacerse al conocimiento del bien y del mal. Otrora el hombre animal libre de la muerte y por lo tanto libre del pecado, ahora se enfrenta al surgir de su conciencia, que trae consigo misma el sufrimiento del ser ante la nada: es el nacimiento de la existencia psicofísica. Por vez primera el hombre confronta cara a cara la muerte. A partir de este momento el hombre y la mujer se enteran de que existen y de que están obrando mal... ha nacido el pecado, pues a partir de este momento la humanidad tiene ojos para ver. Al respecto dijo Jesús en Juan 9, 39: “...Si fueran ciegos, no tendrían pecado. Pero ahora ustedes dicen: vemos. Su pecado permanece”. No obstante, el libre albedrío de la conciencia que implica el conocimiento moral, y por lo tanto el pecado y en consecuencia el castigo. Jehová también nos tiene predestinado un camino que no podemos evadir debido a la Gracia de Dios; y es que a través del cambio de las formas hile-cinéticas (materia en movimiento) es que la evolución ha sido posible en el universo en un ciclo dialéctico de vida y muerte, de ser, para dejar de ser, de transformación[3]. En Isaías 10, 3: el asirio es el demonio que causa el castigo, la ira de Dios a través del él: “¡Aja, el asirio, la vara para mi cólera, y el palo que está en la mano de ellos para mi denunciación!”. Figura que además se puede entender como aquella ley impersonal de predestinación: “aunque él no sea así, se sentirá inclinado; aunque su corazón no sea así, él tramará, porque el aniquilar está en su corazón, y el cortar naciones no pocas”. Según los principios de la termodinámica, la segunda ley de la misma implica que todo sistema termodinámico tiende al caos, en otras palabras a retornar a su origen: “Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado. Por que polvo eres y a polvo volverás” (Génesis 3, 19). En consecuencia la muerte, que será el peor castigo para el hombre, en este mundo psicofísico le será de cualquier modo inevitable. Hasta el día en que el mismo Jesucristo resucite al justo en Espíritu, conciencia y carne, venza a la muerte y establezca el Reino de Dios en los cielos y la tierra: “Y tiene que suceder que cuando Jehová termine toda su obra en el monte Sion y en Jerusalén, me encargaré de la rendición de cuentas por el fruto de la insolencia del corazón del rey de Asiria y por el engreimiento de su altanería de ojos”. (Isaías 10, 12).


En conclusión mis hermanos, la ira de Dios por una parte nace de nuestras injusticias, de nuestra arrogancia, de nuestra desobediencia; pues Dios como padre que ama a sus hijos los corrige en derecho. Mas, no nos odia, pues siempre estará al pendiente nuestro. En tanto, que como resultado inevitable de su obra, el castigo será un mal necesario para el perfeccionamiento de la misma. ¿Qué Por qué? He ahí los misterios de Dios. “Formando luz y creando oscuridad, haciendo paz y creando calamidad, Yo Jehová, estoy haciendo todas estas cosas” (Isaías 45, 7).

Félix M. de Óç.


[1] D.R.A. 2001 Lillian Bird y José Molineli.
[2] Génesis 3; 4,5
[3] Evolución material, biológica y cultural.
Imagen tomada de internet.

MÁS ALLÁ DEL OLVIDO



MÁS ALLÁ DEL OLVIDO...
“Palabras de un agnóstico que se convirtió al cristianismo”



INTRODUCCIÓN


“... ¿Quién, pues, podrá ser salvo? Él les dijo: lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” (Lucas 18; 26, 27).
Amigas y amigos míos, la dimensión ética del hombre implica la construcción de la personalidad jurídica de cada uno de nosotros. Comportarnos éticamente es hacernos sujetos de derechos y obligaciones a la par de lo que establezca en sí, cual norma jurídica, la Carta Política Colombiana. En otras palabras, es hacernos verdaderos ciudadanos a conciencia, pero a la luz de la ley en sentido amplio... incluyendo las buenas costumbres y la legislación natural. Por otra parte, la dimensión estética del ser humano abarca el proceso de identidad; o sea la necesidad de ser nosotros mismos, de construirnos, de crearnos, de realizarnos en un mundo que de entrada nos niega la posibilidad de existir auténticamente. La creación estética del ser implica hacer uso de la libertad y la puesta en marcha del libre desarrollo de la personalidad. Sin embargo, ambas dimensiones se construyen dentro de la realidad Psicofísica del mundo de gran inestabilidad intrínseca, razón por la cual, dejan un enorme vació en el ser, que aunque logre estabilidad jurídica en lo ético y emocional en lo estético. No dan de ninguna manera sentido de vivir o de vida en el hombre; y lo peor todavía, es que pueden degenerarse y degenerarnos.


Entonces caemos en la depresión existencial y nuestro refugio en lo ético se puede convertir en una “ascesis mundana” que aún más nos esclaviza y derruye a la posibilidad de existir en la determinación automática de la mente. Nos volvemos “mártires” del trabajo, de la política, de la fugacidad del tiempo, de la producción de la riqueza así no sea para nosotros, de la moda o deformada “kalokagathia”[1] actual, entre otras muchas situaciones. Entonces lo ético se trastoca en anti-ético y aparecen fenómenos en nuestra sociedad que hacen implacable e inviable nuestro mundo. Realidad de aquello es el paramilitarismo, las multinacionales, el narcotráfico, las narco-guerrillas, la corrupción política, el terrorismo; así como la bulimia y la anorexia en las mujeres y el uso y abuso de esteroides en los hombres; y con mucha frecuencia enfermedades nerviosas por exceso de trabajo, tal como el herpes de la varicela desatado por el estrés.


Pero no solamente es la dimensión ética la que se corrompe. Pues la dimensión estética no se escapa a la entropía de nuestro mundo psicofísico y la búsqueda de identidad puede degenerar en un hedonismo positivo que nos esclavice en el placer, y que fácilmente nos pueda llevar al alcoholismo y a la drogadicción, al lenocinio de nuestros cuerpos y por qué no, finalmente al suicidio.


Amigas y amigos míos, yo como ser humano que soy de alguna manera experimenté ambas situaciones, tanto en lo positivo como en lo negativo de las mismas. Y doy como testimonio que aunque logré existir en lo bueno de lo ético y lo estético. Jamás encontré en ellas salvación, o sea: Vida. Pues el sentido de la vida sólo lo he hallado a través de la espiritualidad, en mi caso a través de Dios, de Jesucristo y el Espíritu Santo. Es por eso que empecé esta introducción citando a Lucas 18; 26,27, pues en aquellos versículos Cristo nos habla de la Gracia de Dios; o sea del amor de Dios hacia nosotros. Un regalo gratuito de salvación. ¿Pero salvación contra qué o contra quién se preguntaran muchos? Pues contra el maligno, obviamente; o sea, de la muerte en vida de simplemente existir en el mundo, de ser sujetos existenciales sin ton ni son, arrojados a un sistema de cosas absurdas, donde todo es relativo y caótico y el orden sucumbe a la segunda ley de la termodinámica. La espiritualidad por el contrario implica un orden absoluto y real, el rostro de Dios, la sabiduría de Dios, pues esto es la vida eterna, tener conocimiento de Él, Dios Padre todo poderoso. “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo”. (Juan 17, 3). Por eso la espiritualidad es el verdadero camino de liberación, quien anda en ella verdaderamente se puede considerar libre, “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”(Juan 8, 32), incluso en la tierra de opresión en la cual caminamos diariamente; no en vano Jesucristo oró por nosotros en la circunstancia de existir, no obstante, en la búsqueda de Dios por nosotros: “Yo te solicito que no los saques del mundo, sino que los vigiles a causa del inicuo... Santifícalos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad”. (Juan 17, 15 y 18). De allí que la espiritualidad nos libera y nos reconforta, nos auxilia en momentos de crisis; y lo mejor, es que nos explica a través de la fe, el porqué de nuestras existencias, o sea, sentimos en Dios una razón teleológica de vivir. ¡Por Dios y sólo por Él en realidad experimentamos la vida! y vamos más allá de la simple y llana existencia.


En conclusión, amigas y amigos, la dimensión ética y estética no bastan para realizarnos plenamente como seres integrales. Es menester la espiritualidad, creer en Dios, en un ser superior que guíe nuestras vidas a la trascendencia, a una finalidad ecuménica de evolución psicofísica y espiritual. Pues la creación aún está en proceso y dijo el maestro Jesús: “...Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra” (Juan 4, 34). Mas para bien finiquitar en ello, no debemos olvidar y cumplir a cabalidad su mandamiento de amor: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado...” En Juan 13, 34, esto nos habló el Cristo.


Félix M. de Óç.

[1] El término Kalokagathia designa el ideal de virtud de la aristocracia griega. Según Aristóteles, “se dice kalokagathia de lo que es perfectamente bueno y bello...” (Atlas Universal de Filosofía OCEANO). Sin embargo, el término lo he usado de manera satírica para referirme al uso y abuso tanto en hombres como mujeres de drogas para mantener una figura hermosa según los criterios de belleza actuales.
Imagen bajada de internet.

viernes, 13 de agosto de 2010

NEGENTROPíA PERFECTA IGUAL VIDA ETERNA


Hermanos de ARKHER
Dios nos bendiga a todos


Como saben mis queridos amigos, la entropía es energía de destrucción, segundo principio de la termodinámica que implica la reducción de todo sistema ordenado al caos, incremento de desorden en el universo y cuyo fundamento metafísico es el nihil-absolutum u oscuridad en la creación como en el Génesis 1,4 se interpreta: “Después de eso vio Dios que la luz era buena, y efectuó Dios una división entre la luz y la oscuridad”. No obstante, como contraposición a la sombra de la creación, Dios en un principio elaboró la luz o negentropía perfecta como futura culmen de su creación, pues Dios sigue trabajando en ella como el maestro Jesús mismo lo confirma en Juan 5, 17: “...Mi Padre ha seguido trabajando hasta ahora, y yo sigo trabajando”. E igualmente, Salomón en Eclesiastés 3, 15: “...y el mismo Dios (verdadero) continúa buscando aquello tras lo cual se sigue”. Dicho trabajo se forja en la penumbra de los hombres, en nuestro universo hile-cinético y físico que se está gestando bajo el sol.


Ahora bien, entre tanto la negentropía perfecta (Vida Eterna) fluya de Jesucristo en el día del Señor hacia nosotros sus hijos (“Y en aquel día seguramente dirás: “te daré gracias, oh Dios, porque (aunque) te enojaste conmigo, tu cólera gradualmente se volvió atrás y procediste a consolarme”. Isaías 12, 1). Nosotros estamos en la obligación de hacer el bien y cumplir con el mandamiento de Jesucristo de amarnos unos a otros como a nosotros mismos. El amor humano se convierte en una especie de negentropía no perfecta, pero si suficiente para menguar los efectos de la entropía secular, el mal, la muerte: los Estados en cualquiera de sus manifestaciones políticas y corruptas, la guerra, el terrorismo, la violencia, la economía salvaje y destructiva de los imperios del mundo, el hambre, la miseria, las enfermedades, el aborto, la eutanasia todo instrumento que atente contra la vida y la paz de la humanidad. Jesucristo en Juan 15; 17,19 lo explica en esta forma: “Estas cosas les mando: que se amen unos a otros. Si el mundo los odia, saben que me ha odiado a mí antes que los odiara a ustedes. Si ustedes fueran parte del mundo, el mundo le tendría afecto a lo que es suyo. Ahora bien, porque ustedes no son parte del mundo, sino que yo los he escogido del mundo, a causa de esto el mundo los odia”. Por eso hermanos debemos seguir firmes en Jesucristo. Orar por la humanidad, hacer el bien, pedir perdón por nuestros pecados y sentirnos ya de una vez como partes de la Luz del Padre, del Espíritu Santo, entregarnos a Cristo. Pues recordemos que el mundo secular es un mundo de muerte; mas el Paracleto nuestra salvación y al simple hombre mortal no le queda otra esperanza... “En aquel día ustedes conocerán que yo estoy en unión con mi padre y ustedes están en unión conmigo y yo estoy en unión con ustedes. El que tiene mis mandamientos y los observa, ése es el que me ama. A su vez, el que me ama será amado por mi padre, y yo le ameré y me mostraré a él claramente”. (Juan, 14; 20,21)


Dios nos guarde del mal
Félix M. de Óç.

miércoles, 11 de agosto de 2010

MI RECONVERSIÓN A JESUCRISTO




LA CONVERSIÓN










Hermano Ómar
Lealtad y coraje

Dejadme contarte hermano mío, que a Dios gracias, mi identidad física por fin se perfeccionó en la energía psíquica (Hile-noética) de la Hile-cinética pura. Las llamas de la pasión y el hedonismo sirvieron de fragua a Félix M. de Óç en la Oscedi de su creación estética ¡Enhorabuena! soy la obra maestra de mis pulsiones primarias y corporales. A través de la espiritualización de los instintos he amado la vida secular y bohemia, me he hecho felicidad de carne, cebos y hueso ¡He sido feliz porque he amado la vida!



No obstante, hermano mío, los ejercicios espirituosos en compañía de Venus-Afrodita y Dionisio-Baco, que tanto bien hicieron en la construcción de mi pobre y vana identidad. Mi cuerpo estaba lleno de lujuria y mi mente esparcida en el alcohol. Era un pobre diablo en la oscuridad de su abismo Psicológico y por consiguiente, un miedo terrible circunscribió mi mente solitaria. Por vez primera fui consciente de mi pobre ser ante la nada. El Nihil-Absolutum me tragaba, la muerte se hacia de mi pobre ser. Era la angustia existencial, el grito al que tanto se teme.



Entonces comprendí porque Dios me habló aquella noche en sueños: “Yo caminaba en medio de unas infinitas tumbas que se alzaban hasta el cielo. Había nombres inscritos en ellas, ilegibles como la nada. Todo era soledad, y yo estaba solo en medio de ellas. No obstante, había sobre aquellas un cielo azul como una cúpula de iglesia y era infinito e irradiaba una paz sin igual y era la paz de Dios, de la vida eterna, de Jesucristo. Aquella paz me daba fuerza de estar rodeado de tanta podredumbre. Pues sólo eso hay en las tumbas, podredumbre, restos, mortecina. Entonces continué mi camino hasta llegar a la puerta de una pequeña alcoba. La habitación estaba desolada, salvo un roído escritorio, un cuaderno, una silla y un espejo. Me miré en el espejo y vi mi rostro descarnado. Entonces clame a Dios de cómo podía vivir así sin rostro y lloré y le suplique para que me matara, pues sólo en la muerte hallaba paz. Entonces Él me habló y me dijo: “Tu tiempo de morir aún no es tu tiempo. Tienes todavía una misión. Pero si quieres morir ya lo estás haciendo. Se te dará un hijo que te dará la fortaleza; mas la paz que buscas solamente te la daré Yo a través de mi hijo Jesucristo” . Entonces comprendí que aquella alcoba era mi tumba, que aquel dolor de no tener rostro, era la muerte de mi identidad física, pues ninguna tumba tenía nombre y el Nihil-Absolutum no reconoce a nadie. Que soy un ser para la muerte, pero que salvar mi vida sería mi última misión. Que mi identidad trascendente (mi Alma) sólo me la daría Dios a través de Jesucristo y el Espíritu Santo. Que debo sentarme a escribir para dar testimonio de la vida eterna a través de la palabra y que debo esperar un hijo que me de la fortaleza que Dios me prometió”.



Así fue mi hermano Ómar, que entendí que gracias al hedonismo positivo mi amor por la vida se hizo fuerte. Recordad que en algún tiempo llegué a creer que la nada era un alivio existencial, un paliativo al desconcierto de la absurda existencia del ser. Sin embargo, hermano mío, ahora comprendo que más allá de una identidad física y mortal como la de Félix M. de Óç., que ha vivido a plenitud la dimensión estética del hombre. Hay una substancia trascendente que reclama de nosotros nuestras almas. Pues, solamente llenos del Espíritu Santo es que podemos darle sentido al mundo, razón teleológica del universo.



En antes para mí existencia equivalía a vida. Hoy me doy cuenta que no, hermano mío, pues la existencia aun cuando infinita es inconsciente y la mente aun cuando consciente es energía, de hecho esta sometida al caos y a la entropía. El cuerpo y la mente del hombre son formas finitas de energía discontinua y susceptible de cambio. La mente que es como lo más elevado, es energía psíquica, no deja de ser materia en movimiento, substancia inmanente, penumbra en la creación de Dios, penumbra que implica la muerte. En tanto que el espíritu de vida es su luz, promesa, entrega de Amor por la creación.



Por eso nuestro deber es amar a Dios para que el nos ame y nos de vida eterna, esta es nuestra salvación. Nuestro cuerpo y nuestra mente son hermosos, pero están destinados a morir; no obstante, si queremos salvarlos debemos crear Alma Inmortal en el Espíritu Santo ¿Cómo? Amando a Jesucristo, creyendo en Él y en su promesa de resurrección. Recordemos que Alma Inmortal, cuerpo y mente serán una unidad perfecta con Dios en Dios, Jesucristo y el Espíritu Santo.



Supervivencia y lúdica
Félix M. de Óç.